1961 Galería Pizarro - La Casa de Jorge Páez Vilaró - Restaurant & Art Gallery

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1961 Galería Pizarro

Jorge Paez Vilaro > Su pintura



Si quisiese atender el viejo y buen procedimiento de definir los caracteres con un solo adjetivo, diría yo: Jorge Páez, el impetuoso.
Era desorientadora su impetuosidad cuando se lanzó a la pintura, saltando de una a otra manera, de una a otra tendencia, en una inestabilidad inquietante, casi perturbadora, tan indiferente parecía a esa opción responsable que se supone, necesariamente, en cada artista. No parecía fácil pues, percibir y definir un elemento constante, una línea fundamental de estabilidad que aportara alguna ligación a tantas y tan variadas experimentaciones. Salvo, tal vez, una mal definida pero obstinada inclinación para el lado del expresionismo, apoyada por otra parte en el rasgo psicológico más característico de este aprendiz de pintura agitado en su permanente y casi total gratuidad.
Ahora surge la primera señal de fijación sin que, felizmente, se desmienta enteramente la anterior agitación. De hecho, Jorge Páez parece decidirse actualmente por una pintura que se une, sin disfraces, con el "Cobra" holandés y sus parientes más cercanos. Continua, con todo, impetuoso y, por eso mismo, más de una vez manchas y símbolos se aglomeran de tal manera en sus telas, que el observador se angustia o causa de la ausencia de espacios inertes que contrasten y subrayen las zonas de directa significación.
Se torna así evidente sin embargo que, sin perder su expuesta perso¬nalidad, este pintor de hoy busca, más allá de una actualización de escuela, algo que le permita doble penetración. Zambulle en la esen¬cialidad plástica, comprendiendo que en la dinámica colorística puede encontrar todas las posibilidades expresivas exigidas por la expansión emocional. Penetra, consecuentemente, el territorio de /a auto conciencia que le asegurara, si es bien explotado, la perfecta consonancia entre hombre y obra. Se encuentra, pues, en el comienzo de un camino ancho y fecundo, el que podrá recorrer con toda la impetuosidad que siempre fue y será suya, pero también con la coherencia intima que comienzo a tener y que jamás deberá faltarle.
LOURIVAL GOMES MACHADO
San Pablo, 1961.

Jorge Páez se presenta al público y a la crítica, con una primera exposición personal en Buenos Aires, aunque ya desde hace años trabaja intensamente y reúne decenas y decenas de cuadros y estudios, manteniendo a la vez en todo ese tiempo, contactos directos con los artistas más representativos del movimiento contemporáneo europeo o americano.
Su pasión por el arte se remonta a los años de su primera juventud y su deseo de saber descubrir y amar la pintura, lo hacen paralelamente "novello" coleccionista, y con remarcable sacrificio logra alinear en las paredes de su casa, trabajos de maestros como Mondrian, Baumeister, Appel, Permeke, Afro, Vedova, Corneille, etc., reunidos para estudiar sus contenidos y principalmente para sentir la presencia de tales espíritus.
Esta actitud le dio naturalmente siempre más posibilidad para el interno desarrollo del ideal por el arte.
Para Jorge Páez el problema ha sido constantemente el de pintar el mundo y no de "pintar la pintura". Es un hombre soñador, de carne y sangre, instintivo, ardiente, vital, que tiene ideales siempre renovados; es una figura de su tiempo, que se agita con el deseo de gozar y percibir de manera sensual, real y tangible el espectáculo del mundo. Es un artista particularmente imaginativo, y su pintura es el método que en este hombre se presenta como el lenguaje más apto para hacer participar a los demás hombres, de su propia positiva experiencia de la vida.
Surge sin duda el conflicto entre el hombre y el método, entre su subjetividad y su cultura. La pintura de Jorge Páez, si bien ligada todavía al ejemplo de algún maestro europeo, se encamina hacia una suya, propia personal evasión. Sus signos filiformes a ritmos ovoidales no son contornos de cuerpos, sino circunscripciones de un ideal-espacio. Las superficies afirman ya una presencia humana que nos dice varias profundas cosas.
Por esa suma, formulo mis augurios para su siempre mejor futuro.
LINO DINETTO
Venecia, 1961

1

Cabeza Cósmica

81 x 100

2

Humanidad

50 x 70

3

Hombre

80 x 100

4

Vision de playa

100 x 75

5

Hombre

80 x 100

6

Cosmos I

75 x 100

7

Paisaje

80 x 100

8

Playa de astros

100 x 80

9

Playa con flores

100 x 80

10

Cosmos II

82 x 100

11

Nina

60 x 83

12

Naturaleza

81 x 60

13

Cosmos III

60 x 81

14

Criatura y mundo

61 x 50

 
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