1979 may - Alianza UY-EEUU - La Casa de Jorge Páez Vilaró - Restaurant & Art Gallery

Vaya al Contenido

Menu Principal

1979 may - Alianza UY-EEUU

Jorge Paez Vilaro > Su pintura



PUNTA 79

He salido en las mañanas a tomar apuntes en las esquinas y rincones esteños, como lo hice hace 5 años, regresando con mis lápices de colores primarios, al sol, las gentes, los barcos y las palmeras.
Y me sentí nuevamente, como un pez en el agua.
Tuve la necesidad espiritual de acercarme abiertamente a esa fraterna y desbordante naturaleza, que inunda los ojos, revitaliza el ánimo y timonea nuestros humores.
En la experiencia creativa, todas esas imágenes atrapadas, pasaron luego a vivir una etapa de transformación, al ser trasladadas como palabras y frases de una conversación aldeana y callejera en la que la realidad y ficción, plantean la arquitectura emocional de las anécdotas.
Entonces Punta 79 se convirtió en un acto antiacadémico, en el cual el artista pudo ser juglar y se manifestó sin frenos atávicos, reivindicando limpiamente las ganas de pintar, con la más plena absoluta libertad, en un gesto de saludo, homenaje y espontaneidad para ese hogar-lugar de nuestros bien vividos días, llenos de pinos, aguas de azul corinto, techos rojos y tantos inolvidables etcéteras.
JORGE PAEZ VILARO - Maldonado, febrero 1979

CATALOGO
Procedimiento: Acrílico

TITULOS

1 Bañistas
2 Viejo Faro
3 Calle del Puerto
4 Puerto al Sol
5 Playa del Puerto
6 Desde arriba
7 El Pintor y sus modelos
8 Hora Plena
9 Playa
10 La Mansa
11 La Prefectura
12 Calle de las Palmeras

13 Gorlero
14 Punta Ballena
15 Autorretrato a la Manet
16 Rincón Esteño
17 En la playa
18 Puerto animado
19 Los muelles
20 Picnic en Pinares
21 Jardines
22 Cerca del Puerto
23 Manantiales

 


JORGE PAEZ VILARO
A Jorge Páez Vilaró no le atraen los temas solemnes, ni esas imágenes que, independientemente de su valor, es necesario sostener con demasiadas palabras teóricas. Prefiere, en esta etapa de su trayectoria, ceñir su arte a la expresión de la experiencia inmediata: la palpitación de lo circundante.
Si eligió estos paisajes, es porque año tras año Punta del Este ha desplegado -alimentando sus ojos- el abigarrado entrecruzamiento de sus multitudes con el mar bajo ese sol intenso que es el factor maravilloso de lo visible.
Pero no se trata en sus obras de la simple duplicación de lo real, sino que lo real, ha sido el comienzo de un intenso viaje por la materia para traducir al plano la celebración de ese mundo que un sol fuerte muestra, atravesado permanente por un movimiento infinito.
En este sentido, es pertinente preguntar: ¿cómo se captura ese paisaje en su constante mutación?
Jorge Páez Vilaró responde, entregándonos una materia suelta, sensual, que recorre las obras como una exhalación, donde ese movimiento infinito es revelado con una espontaneidad gestual que trabajando con manchas y límites imprecisos, pereciera prolongar en el plano las mutaciones del paisaje. Un color a veces salvaje se adueña de los objetos, desbordándose en ese límite, en que esos objetos, podrían dejar de serlo.
Se trata de un apoderamiento que hace irrumpir en el plano: el mundo y el sentimiento del pintor; esa tensión vibrante que es en definitiva el motivo de su arte: la lucha por no someter el paisaje a su mano y al mismo tiempo por no dejarse someter por él.
Jorge Páez Vilaró, acecha esas multitudes en ocio que constituyen una cara de la vida actual. Sus ojos recogen escenas, cuerpos y paisajes, atendiendo la luz que por ellos se expande, con la certeza de que todo el misterio de lo que se celebra u oculta a la visión, sigue siendo esa relación entre el mundo, sus ojos, y esa mano que independiente hace su propia suma, sus propios signos.

Raúl Santana


Regreso al contenido | Regreso al menu principal