1989 nov - Gal U - dibujaso - La Casa de Jorge Páez Vilaró - Restaurant & Art Gallery

Vaya al Contenido

Menu Principal

1989 nov - Gal U - dibujaso

Jorge Paez Vilaro > Su pintura

A PROPOSITO DEL DIBUJAZO

MANIFIESTO Y REFLEXIONES
DE JORGE PAEZ VILARO
INTEGRANTE DEL MOVIMIENTO

Como una forma espontánea de adhesión a Ia reveladora muestra histórica del DIBUJAZO, que organiza el Museo de Arte Contemporáneo de Montevideo, he salvado de mi desorden los apuntes que en este cuaderno se imprimen. Ellos responden nostálgicamente a la situación espiritual y estética que me incluyó de partida en toda esa predica de reajuste expresivo y comunicador que tuvo su alborada en nuestro país y en la América Latina a mediados de los años sesenta. J. P. V.
Montevideo, Noviembre de 1989

DIBUJANDO CON TODO...
MANIFIESTO PERSONAL DEL 65

 Esta exposición que hoy inauguramos en la Galería U, "Dibujos de Invierno", significa en mi inquieto ambular de buscador, todo un acto de meditación tan privado como transferible, que responde a mis inteligencias e intuiciones referidas al arte que integra mi-personal y su problemática de rumbo. Hace diez años en Múnich, Paris y Roma, visitaba los talleres de algunos creadores que se integraban a una nueva corriente de rebeldía y de intimidad, el Informal; me refiero a Fautrier, Schumacher, Wols, Ralf Cavael, Burri, Vedona, entre otros. Una actitud directa, vital, institucionalizaba la protesta contra los "compromisos mundanos", al decir de Michel Tapie y el arte pasaba por una instancia de "streep tease", para quedarse desnudo de anécdotas, despeinándose de academismos u oraciones consideradas banales, para entrar en un nuevo espacio en cuyos códigos se iban a inscribir actos de libertad, ruptura de la forma, cancelación de la imagen conocida, en la exaltación del signo, lo gestual y la materia; lo que es presentar una criatura estética cuya voz surgiría como un grito de su cuerpo y de su alma.
 El cosmos afectivo se entregaba con espontaneidad y el cuadro pas6 a ser el "emograma (grafica de la emoción), de una situación de caos y de esperanza, reclamada por la humanidad que sufrió la guerra nuclear y vive la angustia de no encontrar el orden, la paz y la armonía. He trabajado vinculado a tal conducta contemporánea, que resulto de fluidas opciones para alimentar mi capacidad motriz para seguir andando, como el reloj, con las agujas en la hora, clan-dome cuerda para mantener la marcha, enriqueciéndome de capacidad visual, táctil, desalambrando limites, gozando con lo pensado y lo imprevisto. Toda una actitud de invención, toque, sorpresa, de dedo y pincel, en una conversación de interior y de espejo que dio a luz un "paisaje otro", exigente y comprometedor de la complicidad del espectador sensible para validar su génesis y derrapage.
 Este arte de esencialidad que suspendió en su escenario la actuación de elementos figurativos, archivando el objeto, sin discursos gráficos ni narrativos, provoco en la ocurrencia la administración consciente de su lenguaje de culminación referencial, sin textos en el parlamento, pero que aquilataba en su entraña el poder objetivo de la fantasía angustial.
 La adhesión a esa estética particular instalada en la abstracción, nos acercó a la revelación de audacias desafiantes contra el orden establecido, al igual que ocurrió cuando los movimientos del plano geométrico, después de la "Gran Guerra" del 14, borraban las Últimas oleadas del romanticismo, para fijar un sentimiento de "ahora" acorde con la filosofía de reconstrucción y el "angst" de planos, estructuras y dinámicas exigida por una nueva humanidad sobreviviente del caos.
 El informalismo, como definición paraguas para las artes de actitud instantánea, espontanea de impronta (action painting, signo, brutalismo, expresionismo abstracto), etc., no escapa como una súbita emergencia, sino que tiene su transfinito, es decir que se toma sus licencias para un retiro con dignidad, como ocurre con los ismos que cuentan, porque su paso es fermental, dado que protesta contra lo nítidamente admitido, rumiando en el inconsciente lo atinente a la realidad conocida, con su cuota fisiológica y sensual y su compromiso para ennoblecer los sentidos. La materia del yo, crea una mágica cosmografía, un nuevo paisaje, una exaltación de los objetivos y sus relaciones, que vive su canto secreto solo para los videntes. Allí el pintor como el poeta es el personaje de la alquimia, que concreta la transposición de los sentidos y nos ofrece el fruto de su sistema nervioso frente a las circunstancias y virajes de la fuga del tiempo; el poder de la fantasía, permitiendo con su radar inspirativo, concertar la instancia en que llega la hora del pasaje de la antorcha, para que el arte siga abriendo páginas y claraboyas, y no deje de vivir en comunicación, alimentando el colmenar. Ahora el desafío es volver de otra manera a reivindicar la dialéctica con la realidad suspendida y procesada reponiendo el texto en la primera fila de la action, haciendo funcionar de nuevo en el escenario a la criatura humana y sus consecuencias, dejando correr la crónica de nuestra correspondencia con el mundo, sus acontecimientos y ocurrencias.
 El muro, el arte de coagulo, la signografía, la manera del cajón marcado a fuego, la estocada de materia, quedan sumados al oficio vivido, en la epopeya de la soledad de un canto hacia adentro, símbolo fáustico del infinito o de la angustia de la erudición.
 Asistimos entonces a la instancia metamorfósica de un cambio de estaciones, en la que se invita al INFORMEL a un glorioso retiro que propone respetar para el código futuro, su voluntad admonitoria, no cortando los rieles de la prosa del arte a partir de sus puntos suspensivos. Una nueva inteligencia generacional debe hacerse cargo del régimen que se eslabone (hablo en general con referencia a los movimientos no figurativos) asumiendo como participe y gestora la responsabilidad que le comprende, sin renunciar a las libertades obtenidas, velando en la formula por la verdad y autenticidad de lo que se siente y expresa. Todo ello, sin dejarse asfixiar por la patología histórica ni por las tentaciones enemigas que vienen de un arte de consumo, amparado en el "qué lindo" de solución cutánea, que no pasa de allí y nos enferma de decoración.
 Las reglas de juego son otras y hay que procurarlas en el laberinto que sigue a las crisis positivas. Las obsesiones de la pulseada entre lo real e irreal, tendrán que hallar su cifra, libres de cauce, para ser redimidas a nivel de uno mismo, sacando a relucir nuestros más puros recursos congénitos (las herramientas de la personalidad) para resolver las demandas, las expectativas y la índole de la nueva estética a encarar.
 Los semáforos dan luz verde en la virada, liberalizadas las instituciones convencionales y habilitan para animar el tráfico en un edificio secular que se construye piso a piso y que debe seguir habilitado de funcionalidad para integrarse al medio de su performance. Hay un cambio de muebles, un "nuevo empezar de nuevo", pero siempre con un mayor testamento a respetar.
 Ahora después de largas jornadas de meditaciones y con el acervo de lo plenamente asimilado como adherente a movimientos creativos situados en un ganado nivel histórico, siento la necesidad de expresar mi modesto pensamiento. Su voluntad está exonerada de vanidades o de actitudes magisteriales, porque debe ser considerada como parte de un dialogo confesional para el intercambio de experiencias y que para lograr la luz, se abre con más preguntas que respuestas ante los colegas o la crítica, o como parte coherente de una de las tantas polémicas charlas noctámbulas sin fin del cenáculo del café. Agrego para mi felicidad, que fue en Amsterdam, desde los ejidos y los resguardos del informalismo, que recibí justo a punto, las ráfagas estimulantes que se emitían desde el COBRA, movimiento que volvía a dialogar con la imagen perdida, jugando su rol "refrescante" en favor de la coexistencia entre la añoranza, la imaginaria infantil, el color puro, una poesía de cámara, la alegría de vivir. Y el acontecimiento colmo mi apetencia de substancia, de realidad y humanismo, por lo que mi relación con Karel Appel y Corneille, o lo aprendido conceptualmente de Sandberg, me dio octanaje y aire para seguir, hacia nuevas, propias y afanosas metas, con el espíritu "gánico" sin frenos, ni frustraciones. Quede de golpe en el camino con un pie en el plano polimatérico y otro en el alba de una nueva figuración. Pero una sed sin pausas por inquirirlo todo, adelanto mi propio consumo de reservas y castigo de confusiones mi caldera de doctrina y pensamientos.
Para no hundirse amargado en peripecias de entretenimiento o pasar a cuarto intermedio lo comprendido y a medida resuelto, hice el repaso de mi caracterología, de mis humores, de mis urgencias, decidido a contar historias, crear metáforas con mi oficio, registrar en blanco y negro vivencias, memorias e invenciones. Busque con vehemencia mi salvavidas. La desembocadura natural fue el DIBUJO es decir, tomar la palabra íntima y limpia, volver a la línea para que sea hilo conductor que simbolice el discurso anecdótico propio, doméstico y urbano: el electro de la sensibilidad, recurso paradigmático para expresar los sucesos de uno y del devenir.

DIBUJAR LOS DIBUJAZOS
Para nuestra generación dibujar fue como para las anteriores, una acción de aerobismo permanente, el ejercicio digital para los conciertos, perteneciendo a nuestra cultura y oficio, solo que la actitud de un arte de caballete, libre como el informalismo, no exigió para su pasaporte, que este ingrediente fuera puesto visible.
Con el golpe de pincel, espátula o acción de collage, es decir la ocurrencia, se producía en ellos el "Elan" plástico total y la obra se dio espontanea, jugada sobre la superficie, sin bocetos previos, en un estado de osmosis sacramental entre la línea y la materia que pasaban a ser cuerpo y compendio total.
Hablo de dibujar como acto fundacional de una estética de remeditación pues con su ejemplo moral ofrece al contado las virtudes para la construcción de un orden veraz que le dé cabida, no ya como pieza me-nor de tránsito para otra cosa, sino como obra absoluta, de partida, un habilitante maduro para ser cuadro o mural y resolver a partir de su tronco el estado de "blumen" que le convoca a actuar y a caminar de la mano de nadie.
La situación reflexiva compromete más la atención de los sacrificados plásticos jóvenes latinoamericanos que sufren permanentemente la dramática consecuencia de una manifiesta municipalización de las ideas genitoras, atrasadas de curso por la carencia de esquemas de enseñanzas con aperturas al día. Victimas interlocutoras del tándem "información-posibilidad real" "universo-medio ambiente", cargan con todo un drama burocrático espiritual desbordante, que se ingiere en escuelas y talleres cuya opción farmacéutica está dada al final por el escape, un salir de madres para pescar lo que rápidamente los "pone al día" y habilita de libertad para correr su albur.
Hoy como ayer la rehabilitación de la línea para institucionalizar una caligrafía del yo, la relación esencialista del diálogo entre el creador o "decidor" con el papel, revifica la íntima relación comulgante del escriba, cabeza, emoción y pluma en mano para explanar su verso y reconstruir la correspondencia y el guion.
Terapia de apoyo privada que afirma la locución en pro de la espiritualidad personal, salvoconducto para emerger con energías suscitadoras y sin bostezos de las surtidas experiencias que como la informal retratan a esta altura, el agote físico o metafísico de su epopeya protestual.
El dibujo explota, como explotaron la estructura y la postura convencional en el informal o en el expresionismo abstracto.
La idea es fundamentalmente ampliar el circuito anímico, psicofísico, que da pulmones a la actitud y gestación, de lo que se dice con la línea, sin limitar su juego al centímetro cuadrado, de deleites intimistas, lanzándolo hacia afuera corriendo la largada hasta el final que nos da la longitud del brazo y pasar así a ser pieza mayor.
La diferencia notoria que exige una generación rebelde con causas, ansiosa de llaves, con respecto a la oratoria de las corrientes tradicionales, trajeadas de otra manera, está en que solicita un dibujo hecho de pie, que se escapa de los cuadernos y que denuncia con mayoría de edad su derecho territorial. En el justo equilibrio de la frase de Pollack, "ya el acto creativo debe ser hoy más importante que el producto acabado".
Personalmente pienso encarar la aventura de esta estética de refugio ante los temporales, austera de recursos deleitantes,' mirando con pasión hacia el suelo, con peligro de infarto, estancia sostén para estirar las gran-des hojas blancas, sobre las que me explayare con gusto optimista y con fervor. Todo un acto en pro de la "recherche" de la secreta libertad ilimitada de uno mismo.
El desarrollo de este comentario de imágenes e invenciones platicantes, actuación debe ser identificado por su potencial, como el DI BUJ AZO (obras grandes). Otro ismo que pone at mural en estado de texto, de lectura "pictórica", "hecha a mano", una unidad de medidas significantes, "Opera Aperta", cabal para descodificar masivamente, pensando en Guernika (blanco, negro, gris) y en lo que puede servir como lenguaje moral ante cualquier estado de duda, crisis o cancelación.
Y es a los más jóvenes que acerco estas palpitaciones, entendiendo que en el circuito de las comunicaciones inter-generacionales deben haber llamados a discar y atender, para que continúe el dialogo parlamentario clarificador, como un acto civilizado de luz y tradición a practicar.
Alguien dijo que "La cultura es la integración de las consecuencias". Ella se mantiene latente si sobreexisten las voluntades de vanguardia que son las que entienden su tiempo y lo dejan preñado de amanecer.
Jorge Páez Vilaró - Noviembre de 1965


PARA EL DIARIO ÍNTIMO
La fecha en que celebre este evento personal, tan natural como periódicamente necesario en la vida del artista y su correspondencia publica, fue el día 27 de noviembre de 1965.
La mayoría de edad cumplida por esta exposición, que no fue de rutina, "Dibujos de Invierno", cuyo catálogo acabo de encontrar entre tantos recuerdos y testimonios, en mi archivo familiar, hace que vuelva a sintonizar aquella circunstancia de tiempo y ambiente, lejano y cercano en la que me atreví a mostrar los productos del balance de mi sentido analítico, como respuesta a una instancia de capital remeditación y a un tiempo de cambios que hasta hoy no pude frenar, dando lugar entonces a la idea de los DIBUJAZOS.
Se trataba de atender un guion que no reprimiera aquellas decisiones de beligerancia contra lo establecido, que en el acuerdo de verticalidad de mi formación presentista (aprendizaje y partidarismos) resultaban ser las señales indicadas para establecer el itinerario a seguir.
Parecería que personalmente "estaba a punto" para emitir opiniones, porque según afirmaba con buenas razones mi entrañable amigo, el pintor Joaquín Peinado, "el artista recién comienza a saber lo que es y quiere ser, lo que hace y puede hacer, apenas termina su ciclo de lactancia, que le dura hasta los 40 años...!"
Las características del tiempo conceptual y emocional en que funcion6 mi comunidad de congéneres  vernáculos (generación del 55) es decir los que bebíamos y nos mojábamos en la misma orilla del caudal, requerían cada vez más, con mayor clamor la institucionalización de otras claves para armar el "puzzle". Una estética contemporánea más "viva" que textual, con una posología comprometida con el apetito para ingerirla tanto como la indolencia para abandonarla. Era como participar de un suscitador noviazgo, libre de planes matrimoniales, que se asumía, sabiendo las partes de antemano que la aventura debía ser tramada de honradez, autenticidad y plenitud, hasta el día de su agote, conscientes los actores de que llegaría la instancia en que una nueva llamada iba a cortar el romance, dejando la línea libre para un nuevo discado y así en más...
La aventura requería salud, correr con velocidad y optimismo, devorando rutas y atajos, sin matar los impulsos oníricos, prendidos a juvencia, para beber con sed ansiosa en la cátedra que nos dictaba el andar a pie de cada día. No escuchábamos para el baile la música de retoricas aletargadas, guardadas para la lectura y su comprensión en veredas, baldías de muelles y sin invitación para la nueva situación a cogenerar.
Y un ingrediente de substancia consciente fue incorporado a la mesa de las reflexiones:  la actitud crítica, pues el artista debía ajustar su propio radar para determinar los dispositivos a elegir, que hacían match con su metabolismo de procuras y ansiedades, porque además se exigía cultura para el caminar.
Autodidacta, impaciente y libre de compromisos, solo fiel a una vocación no desmantelada en el tiempo, pasé varios años hurgando en los amistosos y sacrificados talleres montevideanos; prendido a tertulias, exposiciones y conferencias, haciéndome en los repechos y en las bajadas, de la moral necesaria para salir de una situaci6n que ya no me alentaba.
Muchos estábamos en una suerte de tercera posición, un espacio abierto o de brecha, entre la predica "torreana" o los programas sin audacias de la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Paisajes, desnudos, botellas, retratos, naturalezas muertas y ejercicios, fueron consumidos por la canasta o quedan grabados en la memoria de ese tiempo de gimnasia formativa feliz y anecdótica, anti-concreto, que se perturbaba en las pistas del circo mayor, con el espectáculo de polémica edificante de una supra-pasión entre los grupos o poblaciones creativas en boga: el desacuerdo acalorado y conceptual defendido por los practicantes de un arte de realidad y los adherentes a la opuesta concepci6n del no figurativo. Pero el partido reclamado se jugaba en canchas europeas, donde se encontraban los "cabeza de estéticas", accesibles, de carne y hueso, de puertas abiertas para ofrecerle a uno, venido de tan lejos, la traducción de sus debates, las chispas del choque histórico, hontanar de sabiduría y madurez para descifrar las razones del contexto técnico científico, político y social que hacían y hacen materia en la nación terráquea, con su neurosis de descubrimiento e impasividad. Fue en el verano del 52, que las constantes provocaciones de Hans Platschek y Peter Bahiertal, dos actualizados y providenciales animadores de la vanguardia montevideana de aquellos momentos, viviendo de retorno en Múnich me hicieron preparar por primera vez las maletas para Llevarme puntual y directamente a las fuentes del debate ideológico del expresionismo abstracto o más precisamente del INFORMAL.
Y una vez en la pecera, hubo que mojarse, es decir participar como espectador o humilde parte, del circuito de los grandes sacudones desde el cual se "oteaba lo infinitivo" y se defendía la validez inquisidora y sísmica de la actitud actual.
Para entrar al ruedo había que colgar la ropa vieja en el perchero, hacerse un lavado de cabeza, porque se asistía sin intermediarios, de golpe, a una convocatoria ética y gestual que se conjugaba primero en el aljibe, adentro mismo del individuo. Era necesario salvar su dimensión espiritual y cósmica, deshabilitándolo de compromisos convencionales, libre de plomos, para atender sin lastres una nueva performance.
Se dejaba de practicar la unción imitativa, para fecundar de signos, espacios, materias sin disfrazar, el campus de la obra, en una suerte de auto goce objetivado de la realidad.
Muchos fueron los periplos por el viejo mundo que me dieron la visión para comprender in situ a los autores recomendados por mi sensibilidad, tanto como a todos aquellos otros que con su voz, obra y ejemplo aseguraban la latencia de un estado de fervor heroico que había que tomarlo gota a gota para fumigar el cangrejal.
En inolvidables y formativos contactos, desguace muchas dudas particulares, para abrir así las opciones que llenaran lo que para un intuitivo de lejana comarca, pudo convertirse en un vacío incoloro de destiempo o en una acción de vértigos inconscientes que gastaba la energía al revés.
Tapies, Feito, Viola, Saura, Cuixart, fueron víctimas de mis constantes visitas: Afro, Santornaso, y Vedova, los italianos que me ofrecían su mesa; Emil Schumacher, Rolf Cavael, Goetz, intercambiaban correspondencia, y todos estuvieron, además, presentes en mi pinacoteca familiar. Pero aquella actitud que se hacía llamarada en el primer gorjeo, pasado el ciclo, en el acto sereno de constricción, palideció de voltaje en su relación de constancia con lo que mi idiosincrasia requería, dado que la experiencia de convivir con un espacio sin anécdotas o imágenes referenciales resulto demasiado amordazante para frenar mis temperamentales angustias de elocuencia. El Informal, dejaba el escenario en estado de suspenso, sin texto, donde ocurrían las cosas que el lector quería que sucedieran. Por ello mi afán era sostenerlo como actitud territorial y habilitarlo para jugar el rol de un discurso de extraversiones, humores y figuras, suspendido.
Como señalo en el manifiesto adjunto, fue en el Museo Municipal de Amsterdam (1957) cuando organicé la única muestra de Arte Uruguayo que vieron aquellas prestigiosas salas, que coincidió con los vernissages de Appel y de Corneille, orientado por un viejo y sabio pintor de La Haya, Jan Van Heel, a quien expusimos luego en Amigos del Arte.
La partitura que ofrecía su movimiento, el COBRA (Coppenhaguen, Bruxelas, Amsterdam) integrado por Jorn, Alechinsky, Corneille, Appel, Dotremunt, Lucebert y otros, era precisamente la que se amalgamaba con mi demanda evolucionista y en pro de La figura.
Cuando vi pintar a ese "oso-niño" llamado Karel Appel, un leñador que manejaba el pincel o la espátula con tanta fuerza como el hacha, o a Corneille, todo un Stradivarius para musicalizar el color y ofrecernos el poético espectáculo optical de sus paisajes, percibí que por la gracia libertaria de la versatilidad de los libretos, se abría por esa ventana la posibilidad coherente para respirar. El COBRA le ponía nariz, ojos y sonrisa al piano tremendista de Tapies, al compás de una canción tradicional nórdica, quizás gestada en el Die Brucke o en los carnavales "ensorianos" como un ademan de diafanidad o brindis absoluto o la epopeya de un júbilo a vivir: el expresionismo exacerbado contra la Ecole de Paris.
En la medida en que se le asumía, también se le consumía, como un arte de acción fílmica de íntimo espectáculo. Era como un vehículo poblado de esencias y ocurrencias, de brisas refrescantes, que marchaba por campos de sorpresas. Y en la erudición de su libre carburar, requería para el safari una actitud de imaginación e invención no reñida con un nuevo simbolismo de lo emocional. El orden de su génesis creatriz no dejaba al azar la cuerda dibujística, los grafitti infantiles, como traductor de la alegría subyacente, en el recreo frontal de las revelaciones y el placer no codificado: más un "organito de plaza" que una cantata de Bach.
Como la Y pitagórica, el COBRA permitía en su cuerpo troncal la convergencia de dos vertientes instrumentales: la materia como orbis de lectura imaginativa y sensorial y la propia imagen con sus historias traídas del apunto fresco y de la espontaneidad, exprimida hasta lo más puro para alcanzar atmosferas y comportamientos de surrealidad.
Si con el expresionismo abstracto (generalizando), la imagen posante pasaba por la mente para convertirse en espíritu a la vista, con el Cobra, Francis Bacon, De Kooning y otros geniales gestores de una "nueva figuración", aquel circuito bifásico cerrado del ego, volvía a tener su escape a tierra. En la diagramación de ese espacio vacuo de naturalezas y cuentos, se iba a dar de manera inversa, con otros modales autorizados, el rescate referencial de los humores del hombre, en el monólogo de la vicisitud.
Algo se me había aclarado en la "tour" del arte. Para proseguir andando sin perderme en pos de respuestas conducentes para mi dialéctica creativa, para editar sin rejas las muchas ganas de contar cosas y representar a mi manera los bienes circundantes, para todo ello había que insistir en dibujar. Por el rio fecundo de la línea "señal del decir", se encontraban las vitaminas equilibrantes para mi función espiritual, lo que era según Bergson, "acaudillar el impulso para lanzarme a través de la materia, creando al tiempo las diversas formas de la organización.
Se trataba de proponer la gesta de un dibujo mayor (Macro-Dibujo, Dibujo-XXX, Dibujazo, o como lo llamarían los americanos, el "Big is Better") que a partir del embrión o del solo de pianoforte se convirtiera en sinfonía coral. Las demandas de lectura, la requisitoria de un mensaje de comunicación masiva, una oratoria de cabildo abierto, amén de la autoridad para certificar en los remolinos, la cuota de "operación verdad" que expulse del área a los impostores del facilismo y descubra la simulación, son suficiente razón para estimular su levadura e institucionalización.
Una entidad retórica, honrada como valiente, que no deja mentir, se juega de multas y permite llegar directamente al esqueleto. Positivo-negativo de la actitud del artista en el "tic-tac" de la realidad con la creación, sintaxis de una gramática de ayuda y esclarecimiento, con todos los conflictos de oraciones en su prosa. Se me podrá preguntar a esta altura de mi reflexión, datada hace dos décadas, cual sería la ruta estética y el espacio de tránsito del "DibujoXXXX" frente a las tendencias divergentes que animaran tanto como hoy el espectro del universo visual y sus adyacencias.
La proclama nos induce a decir que el acto de su consagración no pretende enjuiciar a los naturales y correlativos sistemas de discurso que conforman el caudal dialectico de cada tiempo o las tradiciones. Sino que se ofrece empresarialmente como una situación paralela o de centro, una pierna que puede salir a bailar sola o ser acompañante para el andar. Una acción estética que para recordarla hay que gritarla a nivel de poster, haciéndola mural.
Perteneciente a la genética del individuo, ahora quizás como el, en la indagaci6n de su dote claustral, o como un poro del sistema tumultuario, en la suelta de palomas de su recinto azaroso, se pone de golpe en la onda del grito ciclópeo. El mismo que hizo gravar en las cavernas su rapto de socorro, arrancado de la cohesi6n silvestre con el alma, aventando al infinito para la barca de los tiempos, su instancia de polen y clamor de humanidad.
Siempre se dibujó y se seguirá dibujando, como también se mantendrá en las eras el curso de las siembras, porque la línea, como un quinto sentido, es arteria para explicitar la llegada y salida de los registros, revelación, palabra al fin, todo un acto de principios para ilimitar la ígnea comunicación de lo secreto.
Distribución y parte de un todo, sobre la que se instala la materia elegida que debe resolver y acordar la impronta plástica final, su expediente no debe quedar inactivado y en el Llamado de nuevas experiencias de giro, estar presente como concepto, gesto o resolución.
Es el integrum que aflora fuera de placentas, para exteriorizar sin marras el aletear de su locuacidad espiritual.
Por ello esta enfática defensa de su virtud histórica, esta convocatoria para traerle a la escena, ofreciendo como un acto del idioma, su opción de presencia dialéctica y de esencialidad.
Conviene aclarar a esta altura del texto, para no vestirme de virtudes pioneras, que mis alertas y presunciones surgieron del análisis ponderado de mis propias experiencias, en la prolija comprensión de los eventos creativos, o movimientos que se sucedían y nos enganchaban con sus antag6nicas y enfrentadas filosofías, tanto en Europa como en Norte América, que puso en cuenta corriente al Action Painting y al Pop Art.
La conciencia de mis posibilidades (formación) así como también la capacidad olfativa, me salvarían de anacronismos o pasos forzados. Y la intuición, la propia necesidad de ajustar mi transmisión para seguir en carrera, la conductibilidad ansiosa, me proponían como practicante fiel de la disciplina, reanudar y fortificar mis relaciones con ella.
Apices y plumas volvían así, plenamente a ocuparse de la gestión pues el indicador, el calendario de las pesquisas, signaban su receta para el restablecimiento del orden figural y narrativo.
La exhumación del dibujo, el retorno de las herramientas para "lapizar", la presencia del papel como soporte, contextualizó como se preveía severos rigores para estimular a los capacitados, frenando en las aduanas a los descalificados, implementando y moralizando en la dura prueba la excursión para el abierto devenir. Ahora el espacio físico elegido para ganar respeto e imponerse, sin dejar de ser visto en el saludo y con la mejor salud era ilimitadamente mayor. Llevado para el propósito desde el block al "poster size", se presentaba socialmente como una obra única en sí mismo, que se tendría quizás que acostumbrar a ser rollo, sin destino de eternidad por su grandor, fragilidad, agilidad material, pero poseído siempre del punch potente para golpear el ojo y establecerse en su rol gerencial.
Alfombras blancas se ordenaron en el ámbito del taller para dejar correr el desplazamiento de la mano y el brazo en largos viajes albinegros, una maratón de grafías, manchas letras con un desafiante concepto textural incluido.
En ese estadio del dibujo fuera de jaulas, las anécdotas saltaron en el sartén, jugando un nuevo rol de licencias, para constituirse en símbolos, diagramados sin convenciones, como libre consecuencia del universo de lo digerido y retransformado. Todo Llevado a escala de acto público, aria cantada por un pintor, un "largo essaied espressivo", de infinito clamor para seguir.

FUE LA DISTINGUIDA CRITICA DE ARTE MARIA LUISA TORRENS QUIEN BAUTIZO CON EL NOMBRE DE DIBUJAZO A TODO ESTE REVITALIZANTE MOVIMIENTO CREATIVO

Regreso al contenido | Regreso al menu principal